OTOÑO.

Siempre he mantenido una curiosa fascinación por el otoño. Matices castañas embelesan mi mirada, hojas que caen y caen, bailan a través del viento entre múltiples arbustos. Charcos que delinean mi reflejo, diminutas gotas de lluvia que recorren mi piel. El otoño jamás me pareció tan hermoso hasta que coincidí contigo. Coincidí con tus ojos maravillados ante sencillas ocurrencias, coincidí con la manera en la que tu nariz suele arrugarse ante carcajadas que cautivan mis sentidos. Coincidí con tu sonrisa semejante al sosegado sol a puertas del otoño, coincidí con tus sollozos entre tazas de café y el diluvio que acaricia nuestro hogar bajo el anaranjado tan típico del dulce ocaso. Del verde al castaño y del amarillo al azafranado. Calles bañadas por una naturaleza de fragmentos color marrón, nuestras frías manos han de mantenerse cálidas ante la unión de las mismas. Mis dedos entrelazan los tuyos y tu alegría contagia mis gestos; cuán utópico ha de ser el amor entre los tiernos brotes de otoño. Un atardecer fundido en los versos que he de dedicar frente a tan espléndida temporada, tu radiante luz refulge sobre la tenue brisa otoñal. Qué próspera coincidencia el conseguir amarte bajo la despedida de hojas marchitas.

PRIMAVERA.

Mis sentimientos por ti florecen a la velocidad de los jardines. Crecen, danzan, brotan y jamás han de marchitarse. Recorren un campo de rosáceas azucenas y atraviesan el oasis de los girasoles más hermosos e ilusorios. Sueñan, vuelan y vuelven a crecer. Porque jamás se detienen, son un cúmulo de sensaciones sinceras y alborozadas, bailan al compás de tu entusiasmado júbilo. ¿Cuán dulce ha de ser tu sonrisa que asemeja los rayos del sol? El equinoccio determina el comienzo de una novedosa estación; coloridos pétalos decoran las grisáceas calles, verdosas panorámicas concluyen transformándose en un deleite hacia la vista. Mi primavera existe mediante tus ojos desbordantes de los pétalos enlazados a mis más grandes anhelos. Un sueño que habita en ti, un deseo que ha sido desarrollado a través de afables caricias y endulzados ósculos. Compongo el edén de las flores pertenecientes a la idílica fantasía que ambos hemos de soñar. Finalmente, mi sueño siempre has sido tú. Temo ante la primavera y hallo abrigo bajo tus palmas acaloradas. Comparable al romance ha de ser la estación. Eufórica, colorida, refulgente y fugaz. Los días corren y la noche se ve reducida al mínimo. Mi timidez brota a flor de piel y una vez más me atemoriza olvidar. El tiempo es impredecible y la primavera me asusta, aborrezco la cercanía al término del amor. ¿Compartirás la bienvenida del verano a mi lado?

VERANO.

Sofocantes brisas golpean las murallas, centelleantes luces anuncian mi despertar. Labios resecos y residuos de besos compartidos. El solsticio de verano abre sus puertas sobre el brillo de tus ojos tan estelares. Brillan, ríen y maravillan. Esconden la luz de un quimérico ambarino, reflejan el incendio de románticos poemas al borde de roces y sinceras palabras de amor. Relato versos y escribo cartas que algún día he de entregar, el único destinatario has de ser tú. Agobiantes temperaturas humedecen la piel, frescos frutos surgen bajo el jardín que decorará nuestro hogar. El maullido de pequeños felinos y la dulce melodía de tu voz adormecida ante el repentino despabilar, imagino el desayuno a pies de la cama y hechizado he de perseguir el movimiento de tus labios. El regocijo coloreará de múltiples alegrías nuestra acogedora vivienda, un anhelo de perpetuo amor cubrirá nuestro techo de cálidos recuerdos. Subsisto en un trance de entrañables sueños, cuán hermoso ha de ser el futuro en donde nuestras almas permanezcan en una sempiterna conexión. El verano sintetiza el color de tu alegría, trasluce la sinfonía de tus vocablos. Suelo amarte en invierno, otoño, primavera y verano; permíteme pintar el lienzo bajo tu corazón de memorias y alborozos idénticos al tornasol.

INVIERNO.

Los copos de nieve caen a través de una languidez impresionante, la gélida brisa invernal recorre mi piel y es ahí cuando me cuestiono, cuando he de necesitar el cálido vínculo entre corazones en constante contraste. Amar, amar y amar una vez más. He de amarte hoy, ¿acaso me amarás mañana? La lluvia danza mediante ínfimos aguaceros al borde de mi ventana, mis labios azulados buscan con absoluto desespero los tuyos. Eres fuego en invierno y alegría entre mis lamentos. Transformas el frío en calor y el calor en amor; eres la metamorfosis de mis regocijos más honestos. El amanecer huye a una rapidez sensacional, eternas noches son decoradas de tu refugio mediante deslumbrantes constelaciones. A qué me refiero, te has de preguntar. La respuesta yace en ti, en tu cuidadosa protección, en los abrigadores brazos que cubren la fragilidad que tan solo he de enseñarte a ti. El invierno tan característico por sus fríos y perpetuos anocheceres ahora coexiste con una afectuosidad que jamás creí obtener y merecer. La calidez de mil amores habita en la unión que hemos de construir, encontré la misteriosa belleza que bordea la estación en ti, únicamente en ti. El invierno dejó de componerse entre angustiadas e insípidas temperaturas, ahora es un paisaje en donde tus besos y caricias abundan de felicidad bajo las mantas a un lado de la chimenea.

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