OTOÑO.

Siempre he mantenido una curiosa fascinación por el otoño. Matices castañas embelesan mi mirada, hojas que caen y caen, bailan a través del viento entre múltiples arbustos. Charcos que delinean mi reflejo, diminutas gotas de lluvia que recorren mi piel. El otoño jamás me pareció tan hermoso hasta que coincidí contigo. Coincidí con tus ojos maravillados ante sencillas ocurrencias, coincidí con la manera en la que tu nariz suele arrugarse ante carcajadas que cautivan mis sentidos. Coincidí con tu sonrisa semejante al sosegado sol a puertas del otoño, coincidí con tus sollozos entre tazas de café y el diluvio que acaricia nuestro hogar bajo el anaranjado tan típico del dulce ocaso. Del verde al castaño y del amarillo al azafranado. Calles bañadas por una naturaleza de fragmentos color marrón, nuestras frías manos han de mantenerse cálidas ante la unión de las mismas. Mis dedos entrelazan los tuyos y tu alegría contagia mis gestos; cuán utópico ha de ser el amor entre los tiernos brotes de otoño. Un atardecer fundido en los versos que he de dedicar frente a tan espléndida temporada, tu radiante luz refulge sobre la tenue brisa otoñal. Qué próspera coincidencia el conseguir amarte bajo la despedida de hojas marchitas.

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