PRIMAVERA.

Mis sentimientos por ti florecen a la velocidad de los jardines. Crecen, danzan, brotan y jamás han de marchitarse. Recorren un campo de rosáceas azucenas y atraviesan el oasis de los girasoles más hermosos e ilusorios. Sueñan, vuelan y vuelven a crecer. Porque jamás se detienen, son un cúmulo de sensaciones sinceras y alborozadas, bailan al compás de tu entusiasmado júbilo. ¿Cuán dulce ha de ser tu sonrisa que asemeja los rayos del sol? El equinoccio determina el comienzo de una novedosa estación; coloridos pétalos decoran las grisáceas calles, verdosas panorámicas concluyen transformándose en un deleite hacia la vista. Mi primavera existe mediante tus ojos desbordantes de los pétalos enlazados a mis más grandes anhelos. Un sueño que habita en ti, un deseo que ha sido desarrollado a través de afables caricias y endulzados ósculos. Compongo el edén de las flores pertenecientes a la idílica fantasía que ambos hemos de soñar. Finalmente, mi sueño siempre has sido tú. Temo ante la primavera y hallo abrigo bajo tus palmas acaloradas. Comparable al romance ha de ser la estación. Eufórica, colorida, refulgente y fugaz. Los días corren y la noche se ve reducida al mínimo. Mi timidez brota a flor de piel y una vez más me atemoriza olvidar. El tiempo es impredecible y la primavera me asusta, aborrezco la cercanía al término del amor. ¿Compartirás la bienvenida del verano a mi lado?

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