VERANO.

Sofocantes brisas golpean las murallas, centelleantes luces anuncian mi despertar. Labios resecos y residuos de besos compartidos. El solsticio de verano abre sus puertas sobre el brillo de tus ojos tan estelares. Brillan, ríen y maravillan. Esconden la luz de un quimérico ambarino, reflejan el incendio de románticos poemas al borde de roces y sinceras palabras de amor. Relato versos y escribo cartas que algún día he de entregar, el único destinatario has de ser tú. Agobiantes temperaturas humedecen la piel, frescos frutos surgen bajo el jardín que decorará nuestro hogar. El maullido de pequeños felinos y la dulce melodía de tu voz adormecida ante el repentino despabilar, imagino el desayuno a pies de la cama y hechizado he de perseguir el movimiento de tus labios. El regocijo coloreará de múltiples alegrías nuestra acogedora vivienda, un anhelo de perpetuo amor cubrirá nuestro techo de cálidos recuerdos. Subsisto en un trance de entrañables sueños, cuán hermoso ha de ser el futuro en donde nuestras almas permanezcan en una sempiterna conexión. El verano sintetiza el color de tu alegría, trasluce la sinfonía de tus vocablos. Suelo amarte en invierno, otoño, primavera y verano; permíteme pintar el lienzo bajo tu corazón de memorias y alborozos idénticos al tornasol.

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