Los copos de nieve caen a través de una languidez impresionante, la gélida brisa invernal recorre mi piel y es ahí cuando me cuestiono, cuando he de necesitar el cálido vínculo entre corazones en constante contraste. Amar, amar y amar una vez más. He de amarte hoy, ¿acaso me amarás mañana? La lluvia danza mediante ínfimos aguaceros al borde de mi ventana, mis labios azulados buscan con absoluto desespero los tuyos. Eres fuego en invierno y alegría entre mis lamentos. Transformas el frío en calor y el calor en amor; eres la metamorfosis de mis regocijos más honestos. El amanecer huye a una rapidez sensacional, eternas noches son decoradas de tu refugio mediante deslumbrantes constelaciones. A qué me refiero, te has de preguntar. La respuesta yace en ti, en tu cuidadosa protección, en los abrigadores brazos que cubren la fragilidad que tan solo he de enseñarte a ti. El invierno tan característico por sus fríos y perpetuos anocheceres ahora coexiste con una afectuosidad que jamás creí obtener y merecer. La calidez de mil amores habita en la unión que hemos de construir, encontré la misteriosa belleza que bordea la estación en ti, únicamente en ti. El invierno dejó de componerse entre angustiadas e insípidas temperaturas, ahora es un paisaje en donde tus besos y caricias abundan de felicidad bajo las mantas a un lado de la chimenea.
